TREINTA
Situaciones cotidianas de una generación que se pregunta cosas y busca su lugar
domingo, 20 de mayo de 2012
Ser single en tiempos de crisis
Ser single en tiempos de crisis da pena. Si de 1990 al 2005 la cifra de solos aumentó hasta llegar a ser el 22 % de la población española, en los últimos años se ha estancado y no ha aumentado.
Los singles eran el sueño de las empresas por ser los consumidores que más gastaban per cápita, demandaban una gran oferta de actividades de ocio, alimentos en envases monofamiliares, pisos pequeños y en el centro de la ciudad. Con sueldos estables, sin cargas familiares ni pareja, debían tener abundancia de ofertas de viajes, bares y páginas de contactos en Internet. Hasta aquí, todo bien. “Si hoy en día nada es para siempre, ¿para qué me voy a complicar la vida? Sola estoy bien”, dice Noelia, una chica single mayor de 30, típico ejemplo freemale –libre de hombres-. O Pedro, de 39 y del norte de Europa, el artista autónomo que intenta sobrevivir con sus proyectos, que vive de noche –para poder hacer contactos–, viaja por trabajo y cambia cada 4 meses de compañero de piso. Después de muchas relaciones que le marcaron por dentro, pero que tuvieron un fin, acepta lentamente su status como “el tío perfecto” y no recuerda el momento en el que se despidió del todo del sueño de construir “la familia ideal”.
El caso es que ahora, si casi la mitad de los jóvenes españoles entre 20 y 35 está en paro y la otra mitad sobrevive con sueldos de becarios y trabajos temporales, ser single ya no es cool. Si en tiempos de bonanza la gente podía echar mano del “divorcio exprés”, ahora muchos echan mano de grandes dosis de paciencia –o de amor, quién sabe ;-)– y permanecen juntos a pesar, o justamente por ello, de la coyuntura externa. Pues pagar el piso, comprar una lavadora, reparar la nevera, tener coche, pagar los impuestos, comprar tomates y tener que tirar la mitad... Muchos no llegan. Así que nos buscamos la vida y empezamos a experimentar con todo tipo de formas de vida o Lebensformen: compartir coche, intercambiar casa en verano para, al menos, cambiar de ciudad, compartir piso y alimentos básicos, intercambiar servicios.
A algunos esta situación les pasa factura y entran en una especie de crisis existencial. Se plantean quiénes son, qué quieren, cómo quieren seguir adelante, de dónde sacar la energía y los medios para tener una vida más digna. ¿Es mejor llegar justo a fin de mes y ser dos que no tener a nadie al llegar a casa, más cuando ahora hay que ajustarse el cinturón a la hora de salir a tomar “unas cervecitas”?.
¿Tenemos opciones? Como siempre, toda crisis trae consigo un nuevo enfoque. Volver a casa de los padres, replantearse la relación y no abandonar a la primera, valorar lo que cuesta tener un buen sueldo, sopesar bien en qué invertimos el dinero, desarrollar otro sistema de valores en el que la felicidad no va unida a “cuanto uno pueda salir y mostrar”, sino con quién compartimos nuestro día a día. Porque en realidad, ¿de qué nos sirve vivir sin poder compartir?. La crisis nos hace tiernos.
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sábado, 12 de mayo de 2012
Diez escritores españoles treintañeros
Diez escritores treintañeros confirman ‘Que la vida iba en serio’ . Se han dado cuenta de que viven una época en la que todo cambia, en la que la libertad adquiere un nuevo significado, la soledad puede convertirse en algo deseado y las responsabilidades caen, y recaen, sobre uno mismo. Pero no han dejado de escribir. Álvaro Colomer, Blanca Riestra, Gabi Martínez, Eugenia Rico, Ricard Ruiz Garzón, Carmen Salas, David Barba, Magda Bandera, Josan Hatero y Luis Fernández Zaurín nos recuerdan, como decía Jaime Gil de Biedma, que ‘La vida iba en serio’ (Martínez Roca).
Qué: Diez autores que forman parte del nuevo panorama narrativo de este país han escrito otros tantos relatos con la intención de mostrar un surtido de historias que servirán a los veinteañeros que quieran anticipar cuanto se les avecina, a los treintañeros que quieran verse reflejados a través de las historias de sus coetáneos y a los cuarentones, o más, que deseen rememorar tiempos que nunca volverán. Quién: Según Carlos Ruiz Zafón, prologuista del libro, estos relatos son “tarjetas en algún caso de presentación y en su mayoría de confirmación de sólidos talentos de la nueva narrativa española”. El autor de ‘La sombra del viento’ además asegura esta obra no es una antología sino “una futurología de narrativas”, y que dentro de esta cosecha de escritores treintañeros encontramos aromas para todos los gustos, con colores y luces de muy distinto pelaje, pero sobre todo con vida, con literatura en las venas y fuego en la pluma”. Álvaro Colomer (Barcelona, 1973), escritor y periodista, ha publicado la novela corta ‘La calle de los suicidios’, ‘Se alquila una mujer. Historias de putas’ y fue finalista del Ateneo de Sevilla con ‘El regalo de Eva’. ‘La vida llena de viento’, según el propio escritor, no se trata de una historia sobre el complejo de Edipo’, sino de un relato sobre la sensación de soledad que invade a las personas, sobre todo solteras, a partir de cierto momento de sus vidas. Blanca Riestra (A Coruña, 1970) es doctora en Filología Hispánica y autora de dos novelas: ‘Anatol y dos más’ y ‘La Canción de las cerezas’, premio Ateneo Joven de Sevilla. En ‘La coleccionista’ encontramos esta peculiar declaración de amor: “Esta ciudad es como un monstruo sin cabeza. Odio Madrid ‘et’, al mismo tiempo, ‘amo’, como siempre amamos aquello que nos destruye”. Gabi Martínez (Barcelona, 1971) es autor de ‘Solo marroquí, ‘Diablo de Timanfaya’, ‘Anticreta’ y ‘Hora de Times Square’ y ha dirigido varias colecciones editoriales. ‘Nana de Mozambique’, explica Martínez, “trata sobre cómo afronta la hora de ser papá un treintañero de hoy, uno de Barcelona, por ejemplo, que es una de las ciudades con un índice de natalidad más bajo del mundo”. Eugenia Rico (Asturias, 1972) ha publicado las novelas ‘Los amantes tristes’, que ‘El Cultural’ destacó entre las mejores del año 2000, y ‘La muerte blanca’, premio Azorín. ‘La sala de espera’ intenta romper el prejuicio, revela Rico, de que cuando una mujer escribe se interpreta que escribe sobre sí misma. “La vida es una sala de espera, creemos que siempre hay más tiempo para esperar”, dice. Ricard Ruiz Garzón (Barcelona, 1973) es escritor, reportero y crítico literario y ultima el libro de relatos testimoniales ‘Contra los cuerdos’. ‘El juego eterno’ “reflexiona sobre los efectos del paso del tiempo en la forma de abordar las relaciones amorosas, en especial cuando éstas son poco convencionales”, apunta su autor. Carmen Salas tiene 31 años y ha publicado ‘Dime con quién trabajas y te diré con quién te acuestas’. “Para encontrar el amor hoy día hay que superar más obstáculos que en una prueba de pentatlón. Como en cualquier competición, hay féminas que prefieren los codazos, mientras otras no tienen más opción que la de cambiar las reglas del juego para salir triunfantes”, dice Salas acerca de ‘Adicciones’. David Barba (Barcelona, 1973) es periodista. ‘El brindis de los idiotas’ analiza, en el contexto de la Barcelona postolímpica, precisa Barba, “cómo ha influido la irrupción del sida en las relaciones sentimentales de la generación que ahora ronda la treintena”. Magda Bandera (Sant Boi de Llobregat, 1970) es periodista y ha publicado los libros de entrevistas ’39 veces la primera vez’ y ’33 tristes traumas’ y las novelas de viajes ‘El síndrome de mi Estocolmo’ y ‘Haciendo aguas’. ‘El amor exacto’ trata “sobre la autopsia de un amor ‘normal’, el de una pareja corriente, que, pese a llevar una década unida, sigue enamorada”, indica Bandera, que sostiene que “la generación del zapping, cuyas pasiones duran un máximo de tres años, según las revistas más comerciales, se planea constantemente si se habrá vuelto demasiada acomodaticia, apática o vulgar”. Josan Hatero (Barcelona, 1971) ha publicado ‘Biografía de la huida’, ‘El pájaro bajo la lengua’ y ‘Tu parte del trato’, premio de relatos Villa de Algete. El escritor ha intentado reflejar en ‘La camarera japonesa’ a esa generación de solteros que cada vez se va a vivir en pareja más tarde y tiene más relaciones, además del “cambio de expectativas ante la pareja, por que, a pesar de que la gran mayoría desea encontrar ‘algo así como una media naranja’, el surtido de frutas parece no estar aún maduro”. Luis Fernández Zaurín (Barcelona, 1964) compagina su labor periodística con su actividad literaria, que ha mostrado en ‘Y tú de qué trabajas’, ‘Camarón, biografía de un mito’ y ‘Guía inútil para dejar de fumar’. ‘Ella vibra sola’, señala su autor, “habla de la mujer y de las alternativas a la hora de tentar la búsqueda de una vida plena en soledad, algo que, visto lo visto, podría considerarse un privilegio casi exclusivo de un ‘sexo débil’ que, al parecer, no lo es tanto”.
Qué: Diez autores que forman parte del nuevo panorama narrativo de este país han escrito otros tantos relatos con la intención de mostrar un surtido de historias que servirán a los veinteañeros que quieran anticipar cuanto se les avecina, a los treintañeros que quieran verse reflejados a través de las historias de sus coetáneos y a los cuarentones, o más, que deseen rememorar tiempos que nunca volverán. Quién: Según Carlos Ruiz Zafón, prologuista del libro, estos relatos son “tarjetas en algún caso de presentación y en su mayoría de confirmación de sólidos talentos de la nueva narrativa española”. El autor de ‘La sombra del viento’ además asegura esta obra no es una antología sino “una futurología de narrativas”, y que dentro de esta cosecha de escritores treintañeros encontramos aromas para todos los gustos, con colores y luces de muy distinto pelaje, pero sobre todo con vida, con literatura en las venas y fuego en la pluma”. Álvaro Colomer (Barcelona, 1973), escritor y periodista, ha publicado la novela corta ‘La calle de los suicidios’, ‘Se alquila una mujer. Historias de putas’ y fue finalista del Ateneo de Sevilla con ‘El regalo de Eva’. ‘La vida llena de viento’, según el propio escritor, no se trata de una historia sobre el complejo de Edipo’, sino de un relato sobre la sensación de soledad que invade a las personas, sobre todo solteras, a partir de cierto momento de sus vidas. Blanca Riestra (A Coruña, 1970) es doctora en Filología Hispánica y autora de dos novelas: ‘Anatol y dos más’ y ‘La Canción de las cerezas’, premio Ateneo Joven de Sevilla. En ‘La coleccionista’ encontramos esta peculiar declaración de amor: “Esta ciudad es como un monstruo sin cabeza. Odio Madrid ‘et’, al mismo tiempo, ‘amo’, como siempre amamos aquello que nos destruye”. Gabi Martínez (Barcelona, 1971) es autor de ‘Solo marroquí, ‘Diablo de Timanfaya’, ‘Anticreta’ y ‘Hora de Times Square’ y ha dirigido varias colecciones editoriales. ‘Nana de Mozambique’, explica Martínez, “trata sobre cómo afronta la hora de ser papá un treintañero de hoy, uno de Barcelona, por ejemplo, que es una de las ciudades con un índice de natalidad más bajo del mundo”. Eugenia Rico (Asturias, 1972) ha publicado las novelas ‘Los amantes tristes’, que ‘El Cultural’ destacó entre las mejores del año 2000, y ‘La muerte blanca’, premio Azorín. ‘La sala de espera’ intenta romper el prejuicio, revela Rico, de que cuando una mujer escribe se interpreta que escribe sobre sí misma. “La vida es una sala de espera, creemos que siempre hay más tiempo para esperar”, dice. Ricard Ruiz Garzón (Barcelona, 1973) es escritor, reportero y crítico literario y ultima el libro de relatos testimoniales ‘Contra los cuerdos’. ‘El juego eterno’ “reflexiona sobre los efectos del paso del tiempo en la forma de abordar las relaciones amorosas, en especial cuando éstas son poco convencionales”, apunta su autor. Carmen Salas tiene 31 años y ha publicado ‘Dime con quién trabajas y te diré con quién te acuestas’. “Para encontrar el amor hoy día hay que superar más obstáculos que en una prueba de pentatlón. Como en cualquier competición, hay féminas que prefieren los codazos, mientras otras no tienen más opción que la de cambiar las reglas del juego para salir triunfantes”, dice Salas acerca de ‘Adicciones’. David Barba (Barcelona, 1973) es periodista. ‘El brindis de los idiotas’ analiza, en el contexto de la Barcelona postolímpica, precisa Barba, “cómo ha influido la irrupción del sida en las relaciones sentimentales de la generación que ahora ronda la treintena”. Magda Bandera (Sant Boi de Llobregat, 1970) es periodista y ha publicado los libros de entrevistas ’39 veces la primera vez’ y ’33 tristes traumas’ y las novelas de viajes ‘El síndrome de mi Estocolmo’ y ‘Haciendo aguas’. ‘El amor exacto’ trata “sobre la autopsia de un amor ‘normal’, el de una pareja corriente, que, pese a llevar una década unida, sigue enamorada”, indica Bandera, que sostiene que “la generación del zapping, cuyas pasiones duran un máximo de tres años, según las revistas más comerciales, se planea constantemente si se habrá vuelto demasiada acomodaticia, apática o vulgar”. Josan Hatero (Barcelona, 1971) ha publicado ‘Biografía de la huida’, ‘El pájaro bajo la lengua’ y ‘Tu parte del trato’, premio de relatos Villa de Algete. El escritor ha intentado reflejar en ‘La camarera japonesa’ a esa generación de solteros que cada vez se va a vivir en pareja más tarde y tiene más relaciones, además del “cambio de expectativas ante la pareja, por que, a pesar de que la gran mayoría desea encontrar ‘algo así como una media naranja’, el surtido de frutas parece no estar aún maduro”. Luis Fernández Zaurín (Barcelona, 1964) compagina su labor periodística con su actividad literaria, que ha mostrado en ‘Y tú de qué trabajas’, ‘Camarón, biografía de un mito’ y ‘Guía inútil para dejar de fumar’. ‘Ella vibra sola’, señala su autor, “habla de la mujer y de las alternativas a la hora de tentar la búsqueda de una vida plena en soledad, algo que, visto lo visto, podría considerarse un privilegio casi exclusivo de un ‘sexo débil’ que, al parecer, no lo es tanto”.
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martes, 1 de mayo de 2012
Total libertad
Hace un par de meses que me tragó la lavadora del día a día, con tal fuerza, que sólo ahora he conseguido dar con el botón de parón del centrifugado. Ahí dentro ya no cabía más, no había espacio para más citas, Termine o cambios de última hora, pero daba igual: todos los colores y prendas acabamos tragados y yo casi llegué a olvidar esto del blog creativo acerca de temas de mi edad.
Pero, por suerte y por casualidad, como suele pasar muchas veces, en una escapada fugaz por un barrio de Berlín me fijé en el título de un librito en una caja de un patio escondido, Das ganz normale Chaos der Liebe (El tan normal caos del amor),que por supuesto llamó mi atención y la ha captado con tal fuerza, que me acompaña allá donde esté, esperando a que eche una ojeada a sus teorías sociológicas sobre la sociedad moderna de la época postindustrial.
Por eso quiero resumirles las 140 páginas que he leído en sólo dos palabras: total libertad. Eso es lo que caracteriza a la sociedad actual, esa es la causa primera de que empezara a escribir este blog y el tema entorno al que giran la mayoría de las conversaciones terapéuticas con amigas y amigos. Nos preguntamos y nos “equivocamos” y nos levantamos después de un intento tras otro por mantener una relación, justamente por ello, porque tenemos total libertad. Y ahí se encuentra la paradoja: donde antes las familias organizaban con quién debíamos establecer matrimonio, la Iglesia definía cómo debía ser la vida en pareja hasta que la muerte nos separara y la necesidad de una estructura económica familiar que sirviera de base ante posibles catástrofes marcaban el ritmo, todo esto ha dado lugar a modelos cada vez más laxos como el de hoy en día. Vivir juntos o separados, tener hijos, casarse con hijos o no, mantener relaciones sexuales o no, tener un contrato de matrimonio, compartir gastos, tener una cuenta común, participar en la familia del otro... Tenemos toda la libertad del mundo para escoger (ya no importan la casta, la clase social, la religión, la nacionalidad, la edad o incluso el sexo) y cada día tenemos la libertad de decidir cómo queremos vivir esa relación, libres de la influencia de la Iglesia, el Estado, la comunidad o nuestras familias. Libres en el anonimato de la gran ciudad, tenemos miles de opciones. Pero esta libertad tiene su contraparte: todo lo que antes estaba predeterminado y no debía ser debatido –la mayoría de las cosas antes ni siquiera entraban a debate, eran así y punto– debe ser ahora comentado en ese binomio de iguales recién creado que busca una base sobre la que asentarse.
Supongamos que Jens y Laura se conocen en una fiesta en una ciudad europea cualquiera. Tienen entre 25 y 35, cada uno una cultura, una lengua, una serie de aprendizajes conscientes –e inconscientes– acerca de cómo vieron las relaciones de sus abuelos, de sus padres, de sus tíos o de sus vecinos y las comparan con las de sus amigos y compañeros de trabajo actuales y se preguntan: “Y yo, ¿cómo quiero una relación? Pero, lo primero de todo: ¿quiero en realidad una? ¿Es posible unir dos biografías independientes e individuales en el libre mercado económico y laboral de hoy en día, que exige reciclaje permanente, la mejor formación y una gran movilidad y no atiende a cuestiones tan poco medibles como el amor romántico o el deseo de formar una familia y establecer un nido o un Zuhause? ¿Quién de los dos va a dejar de progresar en el trabajo para cuidar a los niños, dedicarle más tiempo a los asuntos domésticos, vivir más lejos de la familia o aprender otra lengua en un nuevo país por el otro?”
Mientras suena el hit del momento y Jens y Laura se observan en el bar, están actuando dos tipos de fuerzas contrarias: las de atracción, de interés real por el otro junto al deseo de ser aceptado y querido tal y como cada uno es, y todas aquellas fuerzas de duda respecto a las miles de decisiones que deberán tomar casi cada día de esta relación incipiente para que siga creciendo y sigan construyendo un “algo” de a dos.
Hmmm... Veremos, tienen total libertad...
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lunes, 13 de febrero de 2012
Necesidad de crear
De
0 a 7: miras el mundo con los ojos abiertos de par en par, conoces el
medio chupando, tocando, cayéndote y levantándote de nuevo.
De
7 a 14: creces, te desarrollas, adquieres conocimientos más teóricos
sobre cómo funcionan las cosas, primeros contactos con los otros ¡y
las otras!.
De
14 a 21: cambios corporales brutales, primeros ensayos en el mundo
adulto y sexual marcados por un horario escolar y un ritmo académico
bastante rígidos.
De
21 a 28: Experimentación en todos los ámbitos, flexibilidad,
establecimiento del propio ritmo y las propias reglas, búsqueda de
los límites de todas las cosas, primeras decisiones vitales que
marcan el futuro laboral, emocional y personal de la madurez.
De
28 a 35: Producción. De niños, de un hogar, de una empresa, de una
familia, de un clan, de una red, de un negocio, de montañas de
dinero, de un nuevo concepto... Da igual. Ahora toca CREAR.
De
35 a 42: Se llega a una ligera meseta de productividad y se afianza
lo conseguido, aunque aún puede haber grandes cambios, pero se basan
más en la experiencia previa obtenida después de años de ensayo y
error.
A
partir de aquí no sé mucho más a ciencia cierta, habrá que
esperar ;-).
Pero
miremos qué pasa de los 28 a los 35: Se deja de perder el tiempo. De
pronto, se aprieta solito un interruptor aquí dentro y saltamos como
resortes. Ahora no hay exámenes o evaluaciones que valgan, nadie te
lo dice desde fuera. Ahora eres tú el que decidió, quizás en la
fase anterior, qué camino tomar y toca “Gas geben”, en alemán,
o “acelerar”, en español, subir la montaña cual Induráin allá
por los años '90: al golpito, pero sabiendo que cada pedalada te
acerca a la meta.
Así
veo a mi hermana, de una cita a otra de preparto, de preempuje o de
prebebé; o al otro buscando casas en inmobiliarias por Internet,
cada noche un ratito. A Rosa, creando hogar, esperando a que los
niños crezcan cada día un poquito más. O a la otra, metida de
lleno en su proyecto de investigación, o preparándose los exámenes
estatales, o entrenando para la maratón. Decidido el rumbo, sólo
queda apretar y mirar hacia adelante, casi sin pestañear.
Me
encanta. Me gusta verlos así. Me emociona verlos motivados, con un
objetivo, con un rumbo vital.
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lunes, 30 de enero de 2012
Mariposas y sincronicidades
Esta es una adaptación de un artículo de Borja Vilaseca de El País del 6.03.11. Para seguir con los temas que han surgido en los últimos posts del blog:
Las casualidades no existen
Las casualidades no existen
En general solemos creer que nuestra vida es un
accidente regido por la suerte y las coincidencias. Es decir, que no
importan nuestras decisiones y nuestras acciones, pues al final las
cosas pasan por "casualidad". Esta visión nos
convierte en meras marionetas en manos del azar.
Pero, ¿es realmente la vida un accidente que se
rige de forma aleatoria? ¿Estamos aquí para trabajar, consumir y
divertirnos? ¿Acaso no hay una finalidad más trascendente?
Mientras sigamos creyendo que nuestra propia vida no
depende de nosotros, podremos seguir eludiendo cualquier tipo de
responsabilidad y evitar que nos enfrentemos a nuestros dos mayores
temores: el "miedo a la libertad" y el "miedo
al vacío". Y mientras sigamos pensando que todo esto no
es más que un accidente, podremos seguir marginando cualquier
posibilidad de encontrar la respuesta a la pregunta: “¿Para
qué vivimos?”
Y de esto trata la física cuántica. En
líneas generales, establece que "la realidad es un campo de
potenciales posibilidades infinitas". Sin embargo, "sólo
se materializan aquellas que son contempladas y aceptadas".
Es decir, que nuestras circunstancias actuales son el resultado de
la manera en la que hemos venido pensando y actuando a lo largo de
nuestra vida.
Si hemos venido creyendo que estamos aquí para
tener un empleo monótono que nos permita pagar nuestros gastos, eso
es precisamente lo que habremos creado con nuestros pensamientos,
decisiones y comportamientos. Por el contrario, si cambiamos nuestra
manera de pensar y de actuar, tenemos la opción de modificar el
rumbo de nuestra existencia, cosechando otros resultados diferentes.
El simple hecho de creer que es posible representa el primer paso.
"El aleteo de una mariposa puede provocar un
'tsunami' al otro lado del mundo" (proverbio chino).
Lo mismo nos sugiere la teoría del caos. Por
medio de complicados e ingeniosos cálculos matemáticos "permite
deducir el orden subyacente que ocultan fenómenos aparentemente
aleatorios". Dentro de estas investigaciones, destaca el
efecto mariposa. Para comprenderlo, un ejemplo: imaginemos que un
chico se va un año fuera de su ciudad para estudiar un máster en el
extranjero. Y que al regresar a casa entra a trabajar de becario en
una empresa. Allí aparece una nueva becaria, a quien sientan a su
lado. Nada más verse, los dos jóvenes se enamoran. Y seis años más
tarde se casan, forman una familia y viven juntos para siempre.
En este ejemplo, "el efecto mariposa"
estudiaría la red causal de acontecimientos que hicieron posible que
el chico coincidiera con la chica en un lugar físico determinado en
un momento psicológico oportuno.
LA LEY DE LA SINCRONICIDAD
"Lo que no hacemos consciente se manifiesta
en nuestra vida como destino" (Carl Jung)
Nuestra existencia no está gobernada por la suerte
ni el azar, sino por la ley de la sincronicidad. Esta
determina que "todo lo que ocurre tiene un propósito".
Pero como todo lo verdaderamente importante, no podemos verlo con
los ojos ni entenderlo con la mente.
Esta invisible red de conexiones tan sólo puede intuirse
y comprenderse con el corazón.
De ahí que mientras sigamos resistiéndonos a ver
la vida como un aprendizaje, seguiremos sufriendo por no aceptar las
circunstancias que hemos creado con nuestros pensamientos, decisiones
y acciones. No existen las coincidencias. Tan sólo la ilusión de
que existen las coincidencias. De hecho, la ley de la sincronicidad
también ha descubierto que "nuestro sistema de creencias y,
por ende, nuestra manera de pensar, determinan en última instancia
no sólo nuestra identidad, sino también nuestras circunstancias".
Por ejemplo, que si somos personas inseguras y
miedosas, atraeremos a nuestra vida situaciones inciertas que nos
permitan entrenar los músculos de la confianza y la valentía.
Así, los sucesos externos que forman parte de nuestra existencia
suelen ser un reflejo de nuestros procesos emocionales internos. De
ahí la importancia de conocernos a nosotros mismos.
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martes, 24 de enero de 2012
¿Casualidad?
Primero fue un artículo sobre las casualidades, luego fue mi compañera de piso, que se ha convertido en una gran fan de “El Secreto”, después fue un artículo de la Cosmopolitan y hoy, cuando me senté con mi bandeja en el comedor universitario, tenía delante una invitación para la película “Mr. Nobody”.
¿Somos responsables de las cosas que nos pasan? ¿Hasta qué punto podemos gestionar los sucesos de nuestra vida y hasta qué punto es todo una casualidad? ¿Atraemos las cosas, las personas, los trabajos y las experiencias que nos hacen falta en el momento preciso o todo es producto del azar?
En 24 horas todo parecía hacerme querer reflexionar acerca de las decisiones que he tomado en mi vida, sobre el poder que tengo para experimentar los sucesos que experimento y para crear lo que tengo. Según muchos autores, la vida que tienes en este preciso instante es una muestra directa de tus pensamientos anteriores, de los principios sobre los que riges tu vida y acerca de lo que esperas de ella o crees poder vivir. A partir de ellos vas tomando pequeñas decisiones, algunas imperceptibles, que son las que van creando el camino que te ha llevado hasta aquí. Más de 30 años de miles de pequeñas decisiones...
Antes solía sorprenderme pensando acerca de qué hubiera pasado si en un determinado punto del camino hubiera tomado otra dirección y en lugar de escoger la opción A hubiera escogido la B. Todas preguntas interesantes, pero que no llevan muy lejos, puesto que sobre el pasado no podemos decidir ahora. En realidad tengo la certeza de que en aquel momento decidí según las herramientas y el conocimiento de los que disponía e hice todo de la mejor forma de la que fui capaz. Así siento una enorme paz, pues acepto que aunque aquella decisión me llevara a una situación que no fue del todo agradable, era necesario para mí el aprendizaje que de ello se derivó.
¿Es una visión muy facilona y conformista de las cosas?
Ayer le decía a un amigo que no podía imaginarme mi vida de otra manera diferente a como es ahora: todo encaja, todo responde a lo que soy y está en armonía con mis aspectos positivos y con aquellos que aún debo trabajar.
Pero “las casualidades” de esta semana me obligan a reflexionar acerca de mi responsabilidad en la creación del futuro: mañana es la suma de mis pensamientos de hoy. Aunque creamos que gestionamos la vida en el momento en el que tomamos la decisión, en realidad es algo que hemos venido barajando y sopesando mucho tiempo antes, la mayoría de las veces de forma inconsciente. Es la suma de tus pensamientos lo que van transformando tu vida en lo que es ahora.
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sábado, 14 de enero de 2012
clasificación de la especie treintañera
Vuelves a casa por Navidad y sabes que te encontrarás sorpresas, pero no sabes de qué tipo. En realidad, como la Navidad es un momento del año muy fácil de identificar, es también fácil de comparar: ¿Dónde estabas el año pasado? ¿Cómo y con quién?
Es típico encontrarse con los amigos de siempre y también observar la evolución de cada uno. Haciendo una parodia de lo que veo año tras año, escribí esto. Y tú, ¿en qué grupo estás?:
– el Peter Pan: estos viven en casa de sus papis y de allí parece que no hay manera de sacarlos. El proyecto de fin de carrera se alarga, siempre queda algo que estudiar... Algun@s peterpans incluso tienen piso propio, pero sólo lo utilizan para fiestas o como mucho para dormir, pero mami les hace la comida, les lava, les plancha, les escucha... Estos eternos adolescentes no se plantean nunca una relación seria o estable, aborrecen los compromisos y, eso sí, se apuntan a todo tipo de actividades terminadas en "-ing": puenting, barranquing, camping... ;-). Eso y las fiestas continuas hacen a veces agotador tener amigos peterpans.
– Los Simpsons: casados, con hipoteca, con algún hijo y buscando más. Estos, sin darse cuenta y creo que sin querer, han ido reproduciendo esquemas paternos hasta tal punto, que él se parece cada vez más a su padre y ella cada vez más a la suya. Es casi imposible quedar con ellos sin su "bessere Hälfte" o en español, que es aún más cursi, “su mejor mitad”. Sus temas de conversación suelen girar entorno al coche que se han comprado, qué cansados están, que marca de potitos es más nutritiva, cómo les va a los niños en la “guarde” o el “cole” y otros apasionantes tópicos. Si no tienes pareja, los simpsons te ven a la larga como un elemento extraño y sospechoso (si eres mujer, incluso más) y no pierden oportunidad de formular su preguntita: “Y que, ¿cuándo se casan?; Y los niños, ¿tienes planes?”. Los simpsons no suelen salir mucho (están cansados, no encuentran canguro, el día es muy corto...), así que como mucho su actividad social no pasa de quedar para cenar en casa de uno de los simpsons y ver luego una peli...
– el Peter Pan: estos viven en casa de sus papis y de allí parece que no hay manera de sacarlos. El proyecto de fin de carrera se alarga, siempre queda algo que estudiar... Algun@s peterpans incluso tienen piso propio, pero sólo lo utilizan para fiestas o como mucho para dormir, pero mami les hace la comida, les lava, les plancha, les escucha... Estos eternos adolescentes no se plantean nunca una relación seria o estable, aborrecen los compromisos y, eso sí, se apuntan a todo tipo de actividades terminadas en "-ing": puenting, barranquing, camping... ;-). Eso y las fiestas continuas hacen a veces agotador tener amigos peterpans.
– Los Simpsons: casados, con hipoteca, con algún hijo y buscando más. Estos, sin darse cuenta y creo que sin querer, han ido reproduciendo esquemas paternos hasta tal punto, que él se parece cada vez más a su padre y ella cada vez más a la suya. Es casi imposible quedar con ellos sin su "bessere Hälfte" o en español, que es aún más cursi, “su mejor mitad”. Sus temas de conversación suelen girar entorno al coche que se han comprado, qué cansados están, que marca de potitos es más nutritiva, cómo les va a los niños en la “guarde” o el “cole” y otros apasionantes tópicos. Si no tienes pareja, los simpsons te ven a la larga como un elemento extraño y sospechoso (si eres mujer, incluso más) y no pierden oportunidad de formular su preguntita: “Y que, ¿cuándo se casan?; Y los niños, ¿tienes planes?”. Los simpsons no suelen salir mucho (están cansados, no encuentran canguro, el día es muy corto...), así que como mucho su actividad social no pasa de quedar para cenar en casa de uno de los simpsons y ver luego una peli...
– el Induráin: la mayoría, chicos a los que les ha picado el gusanillo del triatlón, las maratones, el kitesurf o la bicicleta. Basándose en la certeza de que los años no pasan en balde, quieren probarse a sí mismos (y un poco también a los demás) que son capaces, que aún aguantan el tirón. Entonces te los ves equipados con toda suerte de artilugios deportivos y con el calendario lleno de nuevas competiciones y te preguntas: “¿Y este es el loquillo fiestero que conocí hace 15 años?”.
– el Yupi: se fija un objetivo laboral elevado y trabaja arduamente hasta alcanzarlo. Con ello vienen a veces asociados otros símbolos de estatus, como un coche bueno, unas vacaciones caras, un piso en el centro de la ciudad... A veces, cuando los ves, te sientes en otra dimensión: no entiendes su jerga en inglés sobre no sé qué avances de su sector, al fijarte un poco le ves unos cuantos menos pelos que antes y te parece que, comparado contigo, los años a ti te han tratado mejor...
– el modern@: que da un giro radical a su estilo y decide seguir los dictados de la moda. Invierte, de repente, mucho más tiempo y energía que antes en arreglarse, ir al gimnasio y estar a la última y, si por el camino se caen algunos añitos... ¡Eso no está nada mal!
– el Eterno Errante: habitualmente con estudios universitarios, los errantes siempre están en busca de algo. Hoy están en Madrid, dentro de año y medio están en Londres, hacen viajes alrededor del mundo, van de meditación a un ashram en la India... Van y vienen siempre intentando encontrarse así mismos, el sentido de la vida y su lugar en el mundo mientras filosofan acerca de las relaciones y acerca de lo que quieren ser de mayores. Miran hacia adelante con una mezcla de horror de convertirse en simpsons y a la vez cierta envidia. Este es un grupo híbrido que a veces tiene mucho de peterpan, pero con curiosidad por el mundo, mezclado con una pizca de nostalgia hacia el modelo simpson y el yupi, que son más estables. A estos se les encuentra por IPhone, email o Skype y se les atrapa con Ryanair.
- el Ángel Caído: son los que se han divorciado o separado y muchas veces tienen hijos de la relación anterior. Suelen pasar por múltiples estados y adoptan múltiples actitudes en diferentes fases, están en cambio constante. Nunca sabes a qué atenerte con un o una ángel caído, pues cambian de planteamiento vital, pareja, estilo de vida y ciudad como de camisa hasta que se vuelven a asentar.
En fin, ¿que tipo de treintañero eres? ¿Puedes identificar a amigos y conocidos? ¿En qué grupo tienes más amigos? ¿Alguna tipología más?
- el Ángel Caído: son los que se han divorciado o separado y muchas veces tienen hijos de la relación anterior. Suelen pasar por múltiples estados y adoptan múltiples actitudes en diferentes fases, están en cambio constante. Nunca sabes a qué atenerte con un o una ángel caído, pues cambian de planteamiento vital, pareja, estilo de vida y ciudad como de camisa hasta que se vuelven a asentar.
En fin, ¿que tipo de treintañero eres? ¿Puedes identificar a amigos y conocidos? ¿En qué grupo tienes más amigos? ¿Alguna tipología más?
La peterpana – exsimpson – induraina suavizada – actual yupi-moderna-errante – y perfecto prototipo de ángelita caída :-)
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