Montag, 27. September 2010
Busco chica para ser papá
Sonntag, 19. September 2010
De chicos y gatos
Dienstag, 14. September 2010
Qué complicado es ser mujer de treinta y pico
- La ropa debe empezar a ajustarse a tu edad. Pero, ¿qué estilo es ese, que ni te haga mayor ni te haga una jovencita?
- Si con treinta tienes hijos mayorcitos, estás hecha una señora.
- Si todavía no los tienes, ya te puedes ir espabilando.
- Si quieres volver a estudiar, estás un poco en el límite, “¿Es que todavía no sabes lo que quieres ser de mayor?”
- Si no tienes novio, ya eres casi la solterona.
- Comienzas a reconocer dónde están el hígado o los riñones tras una visita al médico.
- Te cuesta más tiempo recuperarte de la copa de más de la noche anterior.
- Cuando hablas de las cosas que hiciste antes, empiezas con un “Hace 10 años..., hace 15/ 20 años que... ”, y te da cierto vértigo.
- Aunque salir de fiesta te sigue gustando, los sábados tranquilos te parecen cada vez más atractivos.
- Haces planes más a largo plazo: tener niños, comprar una vivienda, casarte, renovar el cuarto de baño.
- Elaboras un plan para tu vida: antes esperabas encontrar un trabajo X, una pareja X o un lugar para vivir X. Ahora ya has visto cómo se han desarrollado los últimos 30 años, y puedes trazar un plan más realista para el futuro.
- Aunque la inquietud anterior sigue estando ahí, enfocas las cosas más como una carrera de larga distancia, regulando fuerzas y valorando posibilidades antes de lanzarte siguiendo un impulso.
- No te da vergüenza ni comprar compresas, ni condones, ni la píldora, ni ropa interior sexy. Estás en otro escalón, ¡ya has hecho todo eso muchas veces! ;-)
- Conoces un poco más tu cuerpo y sabes qué colores y qué estilos te quedan mejor y vas más al grano.
- A veces te afecta ver cómo pasan los años, y a veces te consuelas con algo como: “Mientras no tenga 40... aún me queda un tiempo”.
- Agradeces más a menudo estar viva, a pesar de las dificultades y los trabes relativos a la edad. ;-)
Montag, 6. September 2010
Algunos chicos "single"
Este pibe es el ¿4º? ¿el 5º? que se acerca quejumbroso esta semana a contarme así, en tono de confianza, que se le echa el tiempo encima, que hace no sé ni cuántos años que fue la última vez que tuvo una pareja estable, que tiene ganas de conocer a alguien, “¿tienes amigas-españolas-libres-de-tu-estilo-que-me-quieran-conocer?”
Y yo les miro entre divertida e irónica, les echo un par de comentarios del tipo “a espabilarse, a buscar en otro sitio, a enfocarse en el objetivo con una intención, a buscar en algún parship de esos en Internet” o alguna frase hecha y ya manida, pero me vuelvo a casa pensando que por qué.
La verdad es que todos son estupendos, son agradables, han estudiado, son guapetes, tienen trabajo, se ponen a tiro cada fin de semana, pero sus rolletes no llegan a cuajar nunca más allá del domingo. Después de preguntar una y otra vez que qué tal marcha con la nueva y recibir un “se acabó” por cuarta vez, dejo de investigar. Aún así, sigo buscando respuestas a este fenómeno social de los chicos treintañeros.
Como siempre, es una parte del total, no se puede generalizar. Entre los que están solos a esa edad también hay chicas, por supuesto pero, ¿por qué los veo más tristones a ellos? ¿por qué se vuelven las miradas más descaradas, los intentos más desesperados y sus acciones en los bares más suicidas?
Mi modesta y nada científica teoría me dice que son bastante más perfeccionistas con la apariencia, el nivel cultural y el estilo de relación que buscan que las chicas, son menos conscientes de lo que quieren y tienen mucha presión del resto del grupo. Es como si al no llevar a alguien a su lado su valor social disminuyera. Aunque la causa principal la resumiría en “desajuste”. Sufren de un desajuste entre sueños y realidad, entre expectativas y cotidianidad, entre Lara Croft y María García.
Montag, 30. August 2010
Carné de estudiante
Así que una que tiene una carita de no haber roto nunca un plato, va por el mundo con su carnet de estudiante español, y como ahora somos tan globalizados y tan guays, pues entra gratis a la Acrópolis de Atenas como estudiante a sus 30 añitos. ¡Fantástico, entrar gratis en un sitio!
Pero claro, por algún lado nos tenían que coger a los bajitos con cara de jóvenes. En la entrada, una señora seca me preguntó: “Sí, estudiante, vale pero, ¿eres menor de 30?”. Y con eso acabó mi jolgorio: el día después de mi 31º cumpleaños ya me hacían pagar las tasas completas. Intenté ablandar a la Frau-aburrida-de-la-entrada buscando su piedad: “Ayer fue mi cumpleaños...” (¿Podría usted regalarme la entrada gratis a la biblioteca por mi cumple? Mire que es mi primer día con más de 30, es un momento emocional delicado, ya sabe, porfiiii...”). Pero esa mujer-más-seca-que-un-bizcocho-de-Teror no había leído este blog, o hacía mucho que había cumplido los 50, y mi carita de pena, desconsuelo o cruda aceptación le debieron importar un pepino.
Y ahí fue cuando pensé: “¿Para qué tantas cremitas, tanto intentar parecer más joven si, en realidad, no se pueden esconder ni los números, ni escapar de la realidad? Tienes 31 y se acabó lo que se daba”.
Y no sé bien por qué, pero me cambió el ánimo. Por pagar 23 € por hacerme socia de una biblio pública (si es pública, ¿por qué pagar tanto?), por no poder cambiar la fecha del carnet por un par días antes, por tener que admitir que es verdad, que vamos todos “pa'arriba”.
Me consuelo con la idea de que hace unos meses no me dejaron entrar a un bar por no tener el carnet encima y no creer que hacía ya 12 años que había pasado de los 18. ¡Eso sí que fue un cumplido! Tuvimos que cambiar de bar...
Y tú, ¿estiras también tus carnés?
Dienstag, 24. August 2010
Arriesgarse o morir
Llega un momento en el que ya no puedes esperar más. En el que echas cuentas y te acuerdas del poema Instantes de Borges (post anterior), en el que algo aquí dentro te dice: ¡Ahora o nunca!
Como mi hermana, que después de estar toda la vida suspirando por un animalito, se decidió y se fue a Madrid a por su erizo. Feliz de la vida, aunque la decisión no fue fácil: que si permisos de veterinarios, que si transporte a Canarias, que si ericito pa'arriba y ericito pa' abajo. Aunque pocos lo hacen, ella siguió adelante.
O la historia de mi tío, que loco por emular a sus héroes sobre dos ruedas del Tour, se compró la primera bici y se lanzó a las carreteras de la sierra de Madrid para correr algunas de las etapas de la Vuelta a España, a su ritmo y a su edad, sin haberse subido jamás a una bici.
O mis amigos Olli y Melli, que dejaron todo atrás (trabajo, seguridad, piso, amigos, país, familia), se liaron la manta a la cabeza y se fueron a vivir a Tailandia, sin conocer el idioma, sin tener contactos, basándose en una intuición, en las ganas de probar cosas nuevas y de darle una oportunidad al sueño de vivir en el extranjero, en un país exótico y de carácter más amable que el norte de Alemania.
O mi madre, o la del otro, que se deciden a dejar relaciones que no marchan bien a pesar de las críticas externas, de los hijos pequeños y de la falta de claridad para el futuro.
O, sin ir más lejos, el que se atreve a mirar de frente a la realidad, acercarse a la persona que quiere y decírselo con el corazón en la mano, arriesgándose a una negativa, a la vergüenza o a recibir una respuesta afirmativa que, no por serlo, resulta más fácil de encajar.
En un momento dado hay que arriesgarse o morir, decidirse, lanzarse a lo que nos parece un vacío, pero que en realidad no lo es. De fondo hay un casi imperceptible “tictac, tictac, tictac” de un reloj inexistente. Puesto que, si no avanzamos, retrocedemos; si no nos atrevemos, perdemos; si no lo intentamos, ¡nunca lo conseguiremos!.
Y tú, ¿a qué has querido atreverte siempre sin llegar a hacerlo? ¿Dónde tienes ese punto de lo que los alemanes llaman “Verschieberitis” y los españoles, algo así como, “Posponeritis”?