Freitag, 10. Juni 2011

Single


Aquella mañana me sentí vacía: de repente podía definirme diciendo todo aquello que ya NO tenía. Me acababa de separar, me quedaba sin piso, sin la sombra de mi iglesia preferida, sin el árbol dibujado en la pared, sin el estatus conseguido en los últimos años, sin los sueños de un futuro compartido, sin un cuerpo calentito al otro lado de la cama. Todo lo material que tenía cabía en 25 cajas y sobre una bicicleta, pero las historias y las experiencias... ¡no sé en qué hipercontainer las metería! ;-)
Cuando te quedas solo después de muchos años de convivencia -da igual la edad que tengas- se produce una especie de recolocación y rejuvenecimiento: de repente no tienes que contar con nadie si te apetece hacer algo, quizás compartes piso como en la época de estudiante, sales más y hasta más tarde y te descubres coqueteando y sintiendo los mismos nervios en la barriga que a los 18.
También te das cuenta de que muchas cosas las hacía el otro y no sabes muy bien, ni dónde están, ni cómo se hacen. Conseguirás resolverlo de una forma u otra, seguro, pero ahora tienes que aprender cómo.
En cualquier caso, estos días me veo haciendo cosas que hacía hace 10 años, pero con la experiencia de mí misma y los demás que antes no tenía, sumada a veces a la falta de costumbre y a la extrañeza. Está claro que aunque hay cosas que recuerdan a cómo era mi vida a los 20, nada volverá a ser como entonces, como tampoco las relaciones que entablas en este momento siguen los pasos de antaño. Es “como si”, pero no. Y ahí reside para mí lo fascinante del asunto: cuando te das cuenta de la cantidad de herramientas que has ido adquiriendo con el paso del tiempo y que te han preparado para estar donde estás ahora.

Sonntag, 1. Mai 2011

Ernesto Sábato

"La vida es tan corta y el oficio de vivir tan difícil, que cuando uno empieza a aprenderlo, hay que morirse". Ernesto Sábato


Y este blog son las primeras pinceladas de una aprendiz novata.

Dienstag, 26. April 2011

"Yo a tu edad ya..."


Oigo a algunos padres de 60 y pico preocupados por sus hijos de más de 30: “No sé, no me gusta cómo llevan Jonathan y Lisa la relación, están siempre cada uno por un lado”, “Yo me enteré el otro día de que Sonia quería irse a vivir sola a Nueva Zelanda, a probar suerte”, “Manolo aún vive en casa, no hay manera de que nos deje por fin solos”, “¿A qué esperan para darme nietos?”, “Parece que Ana está con alguien, es extranjero y ¡artista!”, “La novia de Thomas dice que quiere volver a estudiar, a los 39 y en Viena, ¡y nuestro hijo vive a 800 km de allí!”, “Pedro ahorró, se compró una bici y se ha ido a recorrer el mundo 2 años él solo”, “María está embarazada, ¡pero a él aún no lo conocemos!”.
Están preocupados. Les parece que somos más incongruentes con nuestras cosas que una veleta, que nunca llegarán a tener nietos, que deberán pasar por el aro y hacerse una cuenta de Feisbuk de esas para seguirnos y ver las fotos. Cada vez más se dan cuenta de que no pueden predecir cómo seremos, que aún con más de 30 llegamos cada día con nuevas e inesperadas ideas que dan un vuelco a la línea vital que habíamos trazado hasta entonces.
“Las comparaciones son odiosas”, dice este grupo que gusta de dichos populares. Pues nada, ahí siguen algunos con la cantinela de “yo a tus años ya...”. Mis amigos me comentan que no saben qué hacer, cómo cumplir con sus propias expectativas y con las de sus familiares, cómo salir adelante en la vida y en el momento que les ha tocado. También ellos se comparan con lo que otros habían hecho ya a su edad, pero ven ahora que no llegan al nivel deseado.
Pero, ¡qué más da! Si tu hijo es feliz con lo que hace y lo que tiene, está sano, va aprendiendo y saliendo adelante, acepta su ritmo, que es el suyo y no el de sus antepasados. Porque en realidad... Tampoco sabemos cómo hubieran resuelto esos padres los entresijos de su vida si les tocara vivir hoy.

Donnerstag, 14. April 2011

El amor a los 30

Eva, en su piso del centro de Madrid y con su puesto en el Teatro Nacional es feliz. Está tranquila, se la ve por el Skype alguna tarde de domingo, dice disfrutar de sus ratos de paz y de la satisfacción de un trabajo bien hecho cuando por las noches se echa en el sofá.
Marta, sentada en la terraza de la heladería italiana, cuenta de locas historias con chicos conocidos a través de Internet, pero dice que en realidad no las necesita. A partir de ahora quiere centrarse en sus amigas, sus clases y los viajes. “¿Chicos monos? Sí, claro, veo bastantes yogurines por ahí, pero a nadie para mí”.
Berta ahorra para que regalarle algo especial a su ahijado y hacer sus viajes anuales de buceo. Allí siempre conoce a algún monitor interesante con el que tiene tórridas aventuras veraniegas, pero con los que a lo sumo consigue intercambiar un email antes de que pase al olvido. Vive en Hamburgo, en su pisito mono, blanco y cómodo que ha ido llenando con conchas de playas del mundo. Las amigas la miran, rubia, agradable, dulce, trabajadora, e intentan evitar la pregunta: “Y tú, ¿a qué esperas para buscar a alguien?”. Piensan, simplemente, que es un caso perdido.
Silvia, dicharachera, de escote refulgente y cinturita de Barbie, decidió hace un año volver a vivir con su madre. En Madrid los pisos están imposibles, y después de algunas relaciones con chicos en las que después de años aún no sabía si eran “algo más que amigos” y harta ya de esperar “al príncipe azul”, decidió dedicarse a su pasión: la meditación. Trabaja en bastantes horas en una empresa de turismo, ahorra algo para comprarse un día un pisito. Espera poder encontrar a un compañero con el que compartir su interés por un desarrollo interior.
Cuando Laura y su novio iban a conseguir encontrarse después de que se conocieran por casualidad cuando los dos hacían el Erasmus en una ciudad extraña para los dos, él sintió que necesitaba “tiempo para mí mismo”, y dejó la relación. Después de 6 años de Ryanair y ahorros para conseguir verse cada 2/3 meses, Laura se quedó en la ciudad donde se conocieron preguntándose en qué punto de la película se había perdido el guión. “¿Y ahora qué pinto yo aquí?”

Todas de entre 30 y 38. Mis mejores amigas. Un encanto de pibas. Monas, con trabajo, piso, y un pasado de amores que no cuajaron. ¿Se nos acabó el idealismo? ¿Nos hacemos más exigentes? ¿Las mujeres de hoy no toleran lo que a otras antes simplemente les tocaba aguantar? ¿Va todo más rápido? ¿Es la necesidad de “hacer carrera”?
Que alguien me lo explique. Yo ya no sé qué hacer con nuestros paliques. Quiero verlas con alguien, quiero verlas bien. En el amor también.


Donnerstag, 7. April 2011

Cómo somos


Verdes, luchadores, multilingües, sin objetivos, individualistas, chateadores, superficiales, apolíticos, parados, supercualificados, singles, solos, solteros, perdidos, productivos, sin pensión, libres, “algún día”, sin modelos, bajo presión, viajeros, Fcbk, Erasmus, en prácticas, contratos temporales, globales, formados, Internetadictos, deportistas, no practicantes, liberales, abiertos, contradictorios, pasotas, preocupados, mochileros, jóvenes, independientes, familiares, curiosos, indecisos, sin modelos, masteritis, curriculitis, buscadores, ex fumadores, incrédulos, flirteadores virtuales, cosmopolitas, veloces, Ipod, moda, “cool”, consumistas, fiesteros, sin edad, buscadores, gastadores, opciones, igualdades, amigos, pisos compartidos, H&M, creativos, variados, desperdigados.

¿Algo más?

Mittwoch, 23. März 2011

Die Dreissigjährigen

A la vuelta del viaje, con un post en mente, veo esto.
Es el tercer artículo que encuentro en un periódico que se hace eco de un fenómeno social. Hoy por hoy, los treintañeros plantean una serie de preguntas a la sociedad que no sabe dónde o cómo encajarlos, como ellos tampoco a sí mismos.
Para los, al menos, "germanoleyentes"...
Para los "hispanoleyentes", el siguiente post está al caer.
(Ver Enlaces)

Mittwoch, 9. Februar 2011

¿Por qué postergar?


Esto es así: un día te levantas y te dices: “¡¡Mi madre, que se pasaron los meses y los años y yo aún no he hecho el curso de pintura al óleo, el de cocina tailandesa, no he subido ningún 6.000, no sé hablar chino mandarín, no he escrito ningún libro y no he dado la vuelta al mundo!!”. Y ya tengo más de 30 y si me sigo quedando pegada al ritmo del comienzo del semestre, primeras semanas, una reunión aquí, un cumple allá, fin del semestre, exámenes, correcciones, vacaciones, comienzo del semestre, primeras semanas, una reunión aquí, un cumple allá, fin del semestre, exámenes, correcciones, vacaciones y comienzo del... y se fue el tiempo.
Así que temerosa de que se pasara el momento, compré la Lonely Planet y me lancé a buscar destinos en las antípodas para cumplir un sueño de todos los de arriba: dar la vuelta al mundo. Porque, a pesar de lo utópico, peligroso o alocado que pueda parecer, si aquí dentro llevo al menos una década con ese impulso que no sé de dónde viene, pero que desoye argumentos en contra: ¿Por qué postergar? ¿Por qué no hacerlo? ¿Para cuándo dejarlo? ¿Para cuando se alineen las estrellas y sea el momento ideal? ¿Qué harías si sólo te quedaran 3 meses o 1 año de vida?
4 personas entre 30 y 37. 4 mochilas de más de 50 litros. Bikinis, cafetera, mp3, 1 novela por cabeza, repelente de mosquitos y 3 guías. El viernes salimos para un viaje que, como suele ser con estas cosas, surgió con un comentario al hilo de una conversación y ahora se va a llevar realmente a cabo. No les he preguntado aún a los demás por los motivos que les llevan a ponerse en camino, pero algo me hace sospechar que será una especie de rito de pasaje. Algo busca quien se encuentra ante 6 trayectos kilométricos en aviones transoceánicos, montañas, glaciares, calores, sudores, peces de colores, bungalows de paja, atardeceres, dificultades idiomáticas, jet lag y el estrés de ciudades asiáticas hiperactivas.
Les contaré a la vuelta. Será curioso, seguro. Seguimos buscando... ;-)