Dienstag, 18. September 2012

Chica de 30 en apuros

Entro en la sala de profesores, corriendo, como siempre, saludo a todos como una exhalación, saco los papeles de la mochila, aún tengo que hacer fotocopias, Dios, “¿Por qué llegaré siempre tan apurada?”. Por fin delante de la máquina, encima es nueva, a ver quién la entiende, lo intento, empiezo a resoplar, aprieto el botón amarillo, se oye un pitido, lo intento con el azul, se oye otro...

-“Kann ich dir helfen?” (¿Te puedo ayudar en algo?) Así, como salido de la nada, aparece... digamos... llamémosle... Jens (en honor al post de noviembre de 2009 ;-) ): el profe nuevo, moderno, con pantalones desteñidos y curiosamente caídos, cool, sonriente, de brillo en los ojos y pelo cuidadosamente revuelto que he visto alguna vez por la sala de profesores.
 -“¡Mierda!”, me digo, “¿Cómo se movían las cuerdas vocales? ¿Cómo se hacía eso de sonreír? ¿Cómo puedo seguir y hacer como si nada? Pero, chica, ¡habla! ¡di algo! Que si sigue pasando el tiempo será peor... - “Hast du Probleme?” - “Nein, nein, es ist alles in Ordnung, (no, no, todo está bien)”, alcancé a decir. Y ya no me quedó otra que tragarme la rojez de las mejillas y hacer algo así como una mueca que era todo menos una sonrisa y no conseguía ser nada natural...

 En la bici de vuelta a casa pensaba en la situación: “¡Qué tonta! ¡Qué niña chica! ¡Pero si será tan freelance como tú, tendrá más o menos la misma edad que tú y encima es nuevo! Seguro que me notó nerviosa y vio que no sabía qué decir... Brrr... Con lo segura y autosuficiente que puedo parecer a veces, esta vez me cogió por sorpresa y no pude reaccionar”. 
 
Anécdota aparte, me quedé pensando en el hecho de que, ante una situación así –todos hemos vivido situaciones parecidas– da igual los años que tenga a mis espaldas y la de experiencias que haya tenido en ellos que, al final, en situaciones con determinados hombres, un poco más altos y un poco más mayores, me hago pequeñita, pequeñita y jovencita, jovencita y desearía poder desaparecer. “¿Por qué será?, ¿Qué tipo de hombres son?”.
Como hasta que no descubro las causas de las cosas no me quedo tranquila, seguí reflexionando. Y llegué a la siguiente conclusión: se trata de hombres jóvenes, de alrededor de 30, o más, que se sienten atractivos (y quizás lo son), que son un poco más altos (algo que no es difícil), que trabajan en algo relacionado con la economía o en el mundo de la empresa y que te miran a los ojos con una mirada entre pícara y divertida. Y apuntaría algo más: son hombres seguros de sí mismos que sienten que pueden conseguirlo todo. Es esa seguridad del otro la que nos hace sentir inseguros, a pesar de los años y de las veces que se haya repetido ya una situación así. En estas situaciones la información se intercambia en milésimas de segundo, se analiza, se evalúa, se observa y se mide al contrario de una forma sutil y subliminal que trabaja por debajo de la situación, casi de forma imperceptible.

La próxima vez estaré preparada. No quiero ser la niña chica. Yo también soy mayor de treinta, muy alta ;-), atractiva y hago cosas en el mundo de la empresa (jiji). Así que esperaré con mi pregunta “Hast du Probleme?” en la sala de profesores a que aparezca algún corderito cool de 30 para sacarle mi mejor sonrisa y apuntarme un tanto. A mi avanzada edad estas cosas... chica... por favor... ;-)

Sonntag, 2. September 2012

La soledad a los 30

Hace dos noches, ya en la cama y con los ojos cerrados, me vinieron a la mente las palabras de algunos amigos con los que había tenido contacto en los últimos días. Chicos de entre 30 y 38, trabajadores, de nacionalidades variadas, habitantes de la gran ciudad. “A veces echo en falta tener buenos amigos”, “Me gustaría tener a alguien con quien compartir algunos ratos”, “Tengo ganas de una familia”, “Toda mi gente se ha mudado, quedan pocos por aquí”, “Noto un cambio de fase vital”. Según Ulik, el protaganista esquimal del libro In Durcheinander der Liebe, obra de François Lerord, psiquiatra francés de éxito literario, –él pasa un tiempo en París y no para de descubrir diferencias entre su pueblo esquimal del norte y la sociedad parisina– en la sociedad europea de los kablunak (hombres blancos) la libertad es un bien preciado al que se adora en todas partes y que se respira en el ambiente. Para un esquimal que nunca está solo (conviven todos juntos en el iglú, van de caza en grupo y se ayudan continuamente para sobrevivir a las condiciones extremas de su hábitat), esto es algo incomprensible. Tantos millones de parisinos viviendo solos en habitaciones tan juntitas, ir codo con codo en el metro, compartir despacho con tantos otros kablunak, y admirar al mismo tiempo al Dios Libertad. Después de varios meses en París, Ulik no acaba de comprenderlos: “¿Cómo podrán ser felices solos?”, “¿Por qué hay tantas mujeres bonitas sin marido?” “¿Quién las protegerá”. Al mismo tiempo, en sus encuentros con los franceses descubre que no todos son tan felices con su diosa Libertad como parece. Es como si hubieran perdido la medida ideal de intercambio entre la diosa Libertad y la diosa Convivencia. “¿De dónde se habrán sacado tan descabellada idea?”. Creo que mis amigos son un poco víctimas y creadores de su realidad, las dos cosas a un tiempo. Ser joven hoy en día va muchas veces unido a la idea de que uno debe estar abierto a todo, no estar atado a nada y ser libre para aprovechar lo que venga en cualquier momento. Muchos chicos piensan aún a los 28-30 que es mejor esperar a ver si llega algo mejor, no sea que vaya uno a perderse prados más verdes. Entre los esquimales del pueblo de Uli, que se cuentan a centenares, las mujeres de tu edad disponibles son tan pocas, que uno no se queda esperando si se le presenta la oportunidad. Sin televisión ni revistas que lancen continuamente imágenes de lo que hay más allá, los esquimales viven tranquilos, ajenos a los principios de vida que rigen a los kablunak. Así que, aún con los ojos cerrados, pensé: “¿Por qué no crear un hogar para treintañeros? Si existen para ancianos, gatitos, perritos, clubs de cartas y todo tipo de centros de reuniones, ¿por qué no crear un lugar de encuentro por donde pasar para intercambiar inquietudes, ver pelis, dormir con alguien o desayunar en grupo? “Hogar para treintañeros kablunak”, o mejor “Siéntete en casa”...”. ESTÁS INVITADO.

Freitag, 3. August 2012

Aprovecha ahora

Fin de semana en Madrid. Finde de reencuentros y de lecciones comprimidas acerca del paso del tiempo y de la importancia de vivir la vida que nos ha tocado. Los españoles hablan, mucho, en todas partes y con todo el mundo. Y dan consejos gratis, eso también ;-). Anoche, en una tetería, dos parejas de moteros se sentaron muy cerquita, a nuestra izquierda. Enseguida subieron la voz, no sabía por qué. Luego oí el conocido tópico: “Es que aquí no pegamos”, “Somos unos carcas”, “Pues yo no me siento tan mayor”, “A mí son los hijos los que me dan años”... y todo eso que siempre se repite en estas situaciones. Ante el comentario: “Y vosotras, ¿cuántos nos echáis?”, a mi prima y a mí no nos resultó difícil de averiguar que estaban por encima de los 30 y pico, y acertar quiénes eran los más jóvenes y quiénes estaban ya cerca de los 40. Después de la charla, el consejo gratis fue: “Disfruta ahora. Los 30 también están bien. En realidad, hay que vivir siempre cada momento”. (Nunca viene mal que nos recuerden algo tan básico, pero todavía es mejor si me dicen ahora, a mí, ;-) que disfrute los 20, que los 30 ya llegarán!) Esto encajaba en las situaciones que se dieron después: en 2 días he sabido de al menos 5 personas de mi familia –política– que, entre los 40 y pico y los 50 y pico se fueron con el cáncer. En unos años sin pasar por Madrid, me entero de que, así, de repente, habían caído como moscas, sin tener ninguna opción. Iba con esto en la cabeza, extrapolándolo a mi vida en Colonia, a mi momento vital, a las decisiones que he tomado y que estoy tomando continuamente, cuando, obligadas por la verja del metro que se nos cerraba ante nosotras, cogimos un taxi. Lavapiés, mucha movida a aquellas horas de un sábado por la noche, una mujer taxista, pitillo en mano cuando subimos al coche, con cara de buena mujer y más aspecto de una madre que de taxista nocturna de zonas “picantes” de Madrid. Me extrañó. Mi prima y yo charlábamos sin parar. Ella quería hablar. Así que empezó con la frase: “Los médicos me han dicho que me voy a morir, y yo sé que debería dejarlo, pero como sé que me voy a morir, pues más lo hago. Esta mañana me han dicho que me harán una biopsia de lengua, que tiene mala pinta. Tengo seis hijos. Estoy echa polvo, tenía que hablar con alguien”. Ahora, en el vuelo de vuelta, se me posan de vez en cuando unas manitas de un niño español sonriente que se ha hecho amigo del vecinito rubito de al lado. A derecha e izquierda está lleno de niños que encandilan al personal del avión. En dos días unos y otros me han hecho volver a percatarme de este “negocio” en el que estamos metidos: unos amiguitos con mucha experiencia pasan a otra fase y, al mismo tiempo, otros amiguitos llegan, con muchas posibilidades bajo el brazo, como en un ciclo perfecto, en un fluir permanente. El vecinito, chupa en boca y ojos rasgados sonrientes, me fascina: “¿Será él uno de esos amiguitos que se fue con el cáncer y que ahora viene como alemán a vivir otras cosas en el país de Merkel?” “¿Será que una vez le tocó ser mediterráneo y otra del Norte para saber lo que es cada cosa?” Me gusta el sentimiento. Lo retengo. Me da confianza en este ciclo perfecto. Nadie se va. Hay muchos que llegan...

Sonntag, 24. Juni 2012

Padres ligones

Últimamente he observado un fenómeno curioso: en reuniones con amigos, en lugar de hablar de los hijos (muchos tienen ya, pero otros no), hablamos de nuestros padres. Somos todos hijos de una generación de padres jóvenes que antes de los 25 ya se habían casado y, por supuesto, ya nos habían tenido. Ahora esta generación ronda los 50 y pico, algunos tienen 60 y pocos. Y como la vida es muy larga y da muchas vueltas (esta es la frase preferida de una amiga madrileña), se separan, descubren esto de las redes sociales y las páginas de búsqueda de pareja en Internet y empiezan una “nueva vida”. Nosotros hace ya tiempo que salimos de casa, ya no tienen que prepararnos el bocadillo para el cole o pasarnos el dinero de la semana. Entonces, poco a poco, observan qué tipo de vida llevan, evalúan su grado de satisfacción, la falta de necesidad de permanecer juntos para toda la vida (30 años casados, ya les vale), se sienten bien, jóvenes y capaces, y deciden emprender otro camino. Todo eso está muy bien, es comprensible para nosotros, que nos planteamos incluso si será posible estar incluso más de 5 años juntos, si queremos casarnos y, por supuesto, si llegaremos a cumplir las bodas de plata o de oro juntos. (Palabras sabias de mi buen amigo David a las 2 de la mañana en un parque colonés después de haber celebrado 10 años de casado. Él se siente un auténtico veterano). Lo que ocurre es que cuando empiezas a ver a tu padre o a tu madre enganchados al wassap, comprando camisas de cuadros modernas, dejándose una barba de 3 días o luciendo el esplendor de sus curvas de 60 para salir un sábado por la noche con la nueva conquista... ¡Se te camba la peluca! Nosotros nos lo contamos ante un café porque no deja de ser divertido, curioso y extraño al mismo tiempo. ¿Qué le dices a tu madre cuando viene con el smartphone y la foto del guapetón canoso del último finde? ¿Cómo explicarle a un recién jubilado cómo dar el primer beso con lengua después de tantos años con la misma mujer? ¿Cómo encajar el revoloteo hormonal en el que los ves? Algunos se ríen y se mantienen al margen. Otros se escandalizan y no se acostumbran a la nueva pareja. Otros descubren una nueva intimidad y un casi un acercamiento vital con sus progenitores, cuando se comentan las novedades del fin de semana. Otros se preocupan sin saber muy bien cómo prevenir a sus padres de un rollete que no parece el adecuado. En cualquier caso... No deja de ser un cambio generacional. La sociedad postindustrial no se rige por las reglas que dicta el estado, o por la necesidad de mantener una relación de pareja estable, la mujer se ha independizado, la Iglesia no tiene el mismo papel de antes. ¿Qué pasará en unos años? ¿Viviremos en pisos compartidos a partir de los 60 y tendremos “amigos de la vida” con los que compartir nuestras experiencias, pero que no tienen por qué ser nuestra pareja estables? ¿Cuántos novios tendrán aún nuestros padres?

Sonntag, 20. Mai 2012

Ser single en tiempos de crisis

Ser single en tiempos de crisis da pena. Si de 1990 al 2005 la cifra de solos aumentó hasta llegar a ser el 22 % de la población española, en los últimos años se ha estancado y no ha aumentado. Los singles eran el sueño de las empresas por ser los consumidores que más gastaban per cápita, demandaban una gran oferta de actividades de ocio, alimentos en envases monofamiliares, pisos pequeños y en el centro de la ciudad. Con sueldos estables, sin cargas familiares ni pareja, debían tener abundancia de ofertas de viajes, bares y páginas de contactos en Internet. Hasta aquí, todo bien. “Si hoy en día nada es para siempre, ¿para qué me voy a complicar la vida? Sola estoy bien”, dice Noelia, una chica single mayor de 30, típico ejemplo freemale –libre de hombres-. O Pedro, de 39 y del norte de Europa, el artista autónomo que intenta sobrevivir con sus proyectos, que vive de noche –para poder hacer contactos–, viaja por trabajo y cambia cada 4 meses de compañero de piso. Después de muchas relaciones que le marcaron por dentro, pero que tuvieron un fin, acepta lentamente su status como “el tío perfecto” y no recuerda el momento en el que se despidió del todo del sueño de construir “la familia ideal”. El caso es que ahora, si casi la mitad de los jóvenes españoles entre 20 y 35 está en paro y la otra mitad sobrevive con sueldos de becarios y trabajos temporales, ser single ya no es cool. Si en tiempos de bonanza la gente podía echar mano del “divorcio exprés”, ahora muchos echan mano de grandes dosis de paciencia –o de amor, quién sabe ;-)– y permanecen juntos a pesar, o justamente por ello, de la coyuntura externa. Pues pagar el piso, comprar una lavadora, reparar la nevera, tener coche, pagar los impuestos, comprar tomates y tener que tirar la mitad... Muchos no llegan. Así que nos buscamos la vida y empezamos a experimentar con todo tipo de formas de vida o Lebensformen: compartir coche, intercambiar casa en verano para, al menos, cambiar de ciudad, compartir piso y alimentos básicos, intercambiar servicios. A algunos esta situación les pasa factura y entran en una especie de crisis existencial. Se plantean quiénes son, qué quieren, cómo quieren seguir adelante, de dónde sacar la energía y los medios para tener una vida más digna. ¿Es mejor llegar justo a fin de mes y ser dos que no tener a nadie al llegar a casa, más cuando ahora hay que ajustarse el cinturón a la hora de salir a tomar “unas cervecitas”?. ¿Tenemos opciones? Como siempre, toda crisis trae consigo un nuevo enfoque. Volver a casa de los padres, replantearse la relación y no abandonar a la primera, valorar lo que cuesta tener un buen sueldo, sopesar bien en qué invertimos el dinero, desarrollar otro sistema de valores en el que la felicidad no va unida a “cuanto uno pueda salir y mostrar”, sino con quién compartimos nuestro día a día. Porque en realidad, ¿de qué nos sirve vivir sin poder compartir?. La crisis nos hace tiernos.

Samstag, 12. Mai 2012

Diez escritores españoles treintañeros

Diez escritores treintañeros confirman ‘Que la vida iba en serio’ . Se han dado cuenta de que viven una época en la que todo cambia, en la que la libertad adquiere un nuevo significado, la soledad puede convertirse en algo deseado y las responsabilidades caen, y recaen, sobre uno mismo. Pero no han dejado de escribir. Álvaro Colomer, Blanca Riestra, Gabi Martínez, Eugenia Rico, Ricard Ruiz Garzón, Carmen Salas, David Barba, Magda Bandera, Josan Hatero y Luis Fernández Zaurín nos recuerdan, como decía Jaime Gil de Biedma, que ‘La vida iba en serio’ (Martínez Roca).
Qué: Diez autores que forman parte del nuevo panorama narrativo de este país han escrito otros tantos relatos con la intención de mostrar un surtido de historias que servirán a los veinteañeros que quieran anticipar cuanto se les avecina, a los treintañeros que quieran verse reflejados a través de las historias de sus coetáneos y a los cuarentones, o más, que deseen rememorar tiempos que nunca volverán. Quién: Según Carlos Ruiz Zafón, prologuista del libro, estos relatos son “tarjetas en algún caso de presentación y en su mayoría de confirmación de sólidos talentos de la nueva narrativa española”. El autor de ‘La sombra del viento’ además asegura esta obra no es una antología sino “una futurología de narrativas”, y que dentro de esta cosecha de escritores treintañeros encontramos aromas para todos los gustos, con colores y luces de muy distinto pelaje, pero sobre todo con vida, con literatura en las venas y fuego en la pluma”. Álvaro Colomer (Barcelona, 1973), escritor y periodista, ha publicado la novela corta ‘La calle de los suicidios’, ‘Se alquila una mujer. Historias de putas’ y fue finalista del Ateneo de Sevilla con ‘El regalo de Eva’. ‘La vida llena de viento’, según el propio escritor, no se trata de una historia sobre el complejo de Edipo’, sino de un relato sobre la sensación de soledad que invade a las personas, sobre todo solteras, a partir de cierto momento de sus vidas. Blanca Riestra (A Coruña, 1970) es doctora en Filología Hispánica y autora de dos novelas: ‘Anatol y dos más’ y ‘La Canción de las cerezas’, premio Ateneo Joven de Sevilla. En ‘La coleccionista’ encontramos esta peculiar declaración de amor: “Esta ciudad es como un monstruo sin cabeza. Odio Madrid ‘et’, al mismo tiempo, ‘amo’, como siempre amamos aquello que nos destruye”. Gabi Martínez (Barcelona, 1971) es autor de ‘Solo marroquí, ‘Diablo de Timanfaya’, ‘Anticreta’ y ‘Hora de Times Square’ y ha dirigido varias colecciones editoriales. ‘Nana de Mozambique’, explica Martínez, “trata sobre cómo afronta la hora de ser papá un treintañero de hoy, uno de Barcelona, por ejemplo, que es una de las ciudades con un índice de natalidad más bajo del mundo”. Eugenia Rico (Asturias, 1972) ha publicado las novelas ‘Los amantes tristes’, que ‘El Cultural’ destacó entre las mejores del año 2000, y ‘La muerte blanca’, premio Azorín. ‘La sala de espera’ intenta romper el prejuicio, revela Rico, de que cuando una mujer escribe se interpreta que escribe sobre sí misma. “La vida es una sala de espera, creemos que siempre hay más tiempo para esperar”, dice. Ricard Ruiz Garzón (Barcelona, 1973) es escritor, reportero y crítico literario y ultima el libro de relatos testimoniales ‘Contra los cuerdos’. ‘El juego eterno’ “reflexiona sobre los efectos del paso del tiempo en la forma de abordar las relaciones amorosas, en especial cuando éstas son poco convencionales”, apunta su autor. Carmen Salas tiene 31 años y ha publicado ‘Dime con quién trabajas y te diré con quién te acuestas’. “Para encontrar el amor hoy día hay que superar más obstáculos que en una prueba de pentatlón. Como en cualquier competición, hay féminas que prefieren los codazos, mientras otras no tienen más opción que la de cambiar las reglas del juego para salir triunfantes”, dice Salas acerca de ‘Adicciones’. David Barba (Barcelona, 1973) es periodista. ‘El brindis de los idiotas’ analiza, en el contexto de la Barcelona postolímpica, precisa Barba, “cómo ha influido la irrupción del sida en las relaciones sentimentales de la generación que ahora ronda la treintena”. Magda Bandera (Sant Boi de Llobregat, 1970) es periodista y ha publicado los libros de entrevistas ’39 veces la primera vez’ y ’33 tristes traumas’ y las novelas de viajes ‘El síndrome de mi Estocolmo’ y ‘Haciendo aguas’. ‘El amor exacto’ trata “sobre la autopsia de un amor ‘normal’, el de una pareja corriente, que, pese a llevar una década unida, sigue enamorada”, indica Bandera, que sostiene que “la generación del zapping, cuyas pasiones duran un máximo de tres años, según las revistas más comerciales, se planea constantemente si se habrá vuelto demasiada acomodaticia, apática o vulgar”. Josan Hatero (Barcelona, 1971) ha publicado ‘Biografía de la huida’, ‘El pájaro bajo la lengua’ y ‘Tu parte del trato’, premio de relatos Villa de Algete. El escritor ha intentado reflejar en ‘La camarera japonesa’ a esa generación de solteros que cada vez se va a vivir en pareja más tarde y tiene más relaciones, además del “cambio de expectativas ante la pareja, por que, a pesar de que la gran mayoría desea encontrar ‘algo así como una media naranja’, el surtido de frutas parece no estar aún maduro”. Luis Fernández Zaurín (Barcelona, 1964) compagina su labor periodística con su actividad literaria, que ha mostrado en ‘Y tú de qué trabajas’, ‘Camarón, biografía de un mito’ y ‘Guía inútil para dejar de fumar’. ‘Ella vibra sola’, señala su autor, “habla de la mujer y de las alternativas a la hora de tentar la búsqueda de una vida plena en soledad, algo que, visto lo visto, podría considerarse un privilegio casi exclusivo de un ‘sexo débil’ que, al parecer, no lo es tanto”.

Dienstag, 1. Mai 2012

Total libertad

Hace un par de meses que me tragó la lavadora del día a día, con tal fuerza, que sólo ahora he conseguido dar con el botón de parón del centrifugado. Ahí dentro ya no cabía más, no había espacio para más citas, Termine o cambios de última hora, pero daba igual: todos los colores y prendas acabamos tragados y yo casi llegué a olvidar esto del blog creativo acerca de temas de mi edad. Pero, por suerte y por casualidad, como suele pasar muchas veces, en una escapada fugaz por un barrio de Berlín me fijé en el título de un librito en una caja de un patio escondido, Das ganz normale Chaos der Liebe (El tan normal caos del amor),que por supuesto llamó mi atención y la ha captado con tal fuerza, que me acompaña allá donde esté, esperando a que eche una ojeada a sus teorías sociológicas sobre la sociedad moderna de la época postindustrial. Por eso quiero resumirles las 140 páginas que he leído en sólo dos palabras: total libertad. Eso es lo que caracteriza a la sociedad actual, esa es la causa primera de que empezara a escribir este blog y el tema entorno al que giran la mayoría de las conversaciones terapéuticas con amigas y amigos. Nos preguntamos y nos “equivocamos” y nos levantamos después de un intento tras otro por mantener una relación, justamente por ello, porque tenemos total libertad. Y ahí se encuentra la paradoja: donde antes las familias organizaban con quién debíamos establecer matrimonio, la Iglesia definía cómo debía ser la vida en pareja hasta que la muerte nos separara y la necesidad de una estructura económica familiar que sirviera de base ante posibles catástrofes marcaban el ritmo, todo esto ha dado lugar a modelos cada vez más laxos como el de hoy en día. Vivir juntos o separados, tener hijos, casarse con hijos o no, mantener relaciones sexuales o no, tener un contrato de matrimonio, compartir gastos, tener una cuenta común, participar en la familia del otro... Tenemos toda la libertad del mundo para escoger (ya no importan la casta, la clase social, la religión, la nacionalidad, la edad o incluso el sexo) y cada día tenemos la libertad de decidir cómo queremos vivir esa relación, libres de la influencia de la Iglesia, el Estado, la comunidad o nuestras familias. Libres en el anonimato de la gran ciudad, tenemos miles de opciones. Pero esta libertad tiene su contraparte: todo lo que antes estaba predeterminado y no debía ser debatido –la mayoría de las cosas antes ni siquiera entraban a debate, eran así y punto– debe ser ahora comentado en ese binomio de iguales recién creado que busca una base sobre la que asentarse. Supongamos que Jens y Laura se conocen en una fiesta en una ciudad europea cualquiera. Tienen entre 25 y 35, cada uno una cultura, una lengua, una serie de aprendizajes conscientes –e inconscientes– acerca de cómo vieron las relaciones de sus abuelos, de sus padres, de sus tíos o de sus vecinos y las comparan con las de sus amigos y compañeros de trabajo actuales y se preguntan: “Y yo, ¿cómo quiero una relación? Pero, lo primero de todo: ¿quiero en realidad una? ¿Es posible unir dos biografías independientes e individuales en el libre mercado económico y laboral de hoy en día, que exige reciclaje permanente, la mejor formación y una gran movilidad y no atiende a cuestiones tan poco medibles como el amor romántico o el deseo de formar una familia y establecer un nido o un Zuhause? ¿Quién de los dos va a dejar de progresar en el trabajo para cuidar a los niños, dedicarle más tiempo a los asuntos domésticos, vivir más lejos de la familia o aprender otra lengua en un nuevo país por el otro?” Mientras suena el hit del momento y Jens y Laura se observan en el bar, están actuando dos tipos de fuerzas contrarias: las de atracción, de interés real por el otro junto al deseo de ser aceptado y querido tal y como cada uno es, y todas aquellas fuerzas de duda respecto a las miles de decisiones que deberán tomar casi cada día de esta relación incipiente para que siga creciendo y sigan construyendo un “algo” de a dos. Hmmm... Veremos, tienen total libertad...