Donnerstag, 14. April 2011

El amor a los 30

Eva, en su piso del centro de Madrid y con su puesto en el Teatro Nacional es feliz. Está tranquila, se la ve por el Skype alguna tarde de domingo, dice disfrutar de sus ratos de paz y de la satisfacción de un trabajo bien hecho cuando por las noches se echa en el sofá.
Marta, sentada en la terraza de la heladería italiana, cuenta de locas historias con chicos conocidos a través de Internet, pero dice que en realidad no las necesita. A partir de ahora quiere centrarse en sus amigas, sus clases y los viajes. “¿Chicos monos? Sí, claro, veo bastantes yogurines por ahí, pero a nadie para mí”.
Berta ahorra para que regalarle algo especial a su ahijado y hacer sus viajes anuales de buceo. Allí siempre conoce a algún monitor interesante con el que tiene tórridas aventuras veraniegas, pero con los que a lo sumo consigue intercambiar un email antes de que pase al olvido. Vive en Hamburgo, en su pisito mono, blanco y cómodo que ha ido llenando con conchas de playas del mundo. Las amigas la miran, rubia, agradable, dulce, trabajadora, e intentan evitar la pregunta: “Y tú, ¿a qué esperas para buscar a alguien?”. Piensan, simplemente, que es un caso perdido.
Silvia, dicharachera, de escote refulgente y cinturita de Barbie, decidió hace un año volver a vivir con su madre. En Madrid los pisos están imposibles, y después de algunas relaciones con chicos en las que después de años aún no sabía si eran “algo más que amigos” y harta ya de esperar “al príncipe azul”, decidió dedicarse a su pasión: la meditación. Trabaja en bastantes horas en una empresa de turismo, ahorra algo para comprarse un día un pisito. Espera poder encontrar a un compañero con el que compartir su interés por un desarrollo interior.
Cuando Laura y su novio iban a conseguir encontrarse después de que se conocieran por casualidad cuando los dos hacían el Erasmus en una ciudad extraña para los dos, él sintió que necesitaba “tiempo para mí mismo”, y dejó la relación. Después de 6 años de Ryanair y ahorros para conseguir verse cada 2/3 meses, Laura se quedó en la ciudad donde se conocieron preguntándose en qué punto de la película se había perdido el guión. “¿Y ahora qué pinto yo aquí?”

Todas de entre 30 y 38. Mis mejores amigas. Un encanto de pibas. Monas, con trabajo, piso, y un pasado de amores que no cuajaron. ¿Se nos acabó el idealismo? ¿Nos hacemos más exigentes? ¿Las mujeres de hoy no toleran lo que a otras antes simplemente les tocaba aguantar? ¿Va todo más rápido? ¿Es la necesidad de “hacer carrera”?
Que alguien me lo explique. Yo ya no sé qué hacer con nuestros paliques. Quiero verlas con alguien, quiero verlas bien. En el amor también.


3 Kommentare:

  1. Acabo de ver tu blog, está genial, se parece al Diario de Bridget Jones!

    AntwortenLöschen
  2. Hoy soy una mezcla de Laura que se separó de su novio despues de viajes y de Silvia que vuelve a lo de su madre. Hoy necesitaba de otras historias de mujeres de 30 para no sentirme sola y convencerme de que voy a dejar de llorar

    AntwortenLöschen
  3. Me ha gustado mucho esta entrada. Muchas chicas y chicos estupendos aún están buscando esa persona con la que compartir la vida y un día llegará. Lo importante es no conformarse.

    AntwortenLöschen